Un guitarrista entretenía a los pasajeros con una melodía muy agradable; esperando a cambio un par de monedas o un billetico suelto por ahí. Y es que cada día en Nueva York, son más las personas que navegan los trenes acompañados de su voz, guitarras, acordeones o cajitas de cartón con chocolates a la venta. Con tristeza me hace recordar los viajes en bus por el centro de Bogotá donde el "2 por mil pesos" era el discurso preferido del vendedor ambulante. (Me pregunto si sigue siendo así.)
En esta ciudad, son violinistas, percusionistas o bailarines envidiables los que alegran y/o fastidian a nosotros los usuarios del transporte público. Todos tienen sus diferentes razones para hacerlo: mochileros, vagabundos, drogadictos y hasta estafadores. Aun así imagino que la cosa esta más fea de lo que pensamos. ¿O siempre lo ha estado?
Volviendo al conflicto que aún no he planteado, el guitarrista en plena función ve como un hombre de la calle, mal vestido y oloroso a toda clase de fluido corporal, cojea lentamente hacia su escenario móvil. Con vaso en mano, el hombre se excusa ante el público distraído y pide una "colaboración" que es casi inaudible entre los acordes dinámicos de la guitarra que no deja de sonar. ¿Que estaba supuesto a hacer el guitarrista? ¿Permitir que el hombre recolectara lo que él se venía ganando desde hacía dos estaciones atrás? ¿Que estaba supuesta a hacer yo? ¿Solución Salomónica para la repartición de las pocas monedas que me quedaban? Mientras mentalmente yo analizaba la situación, el guitarrista agarró su sombrero y voló por el vagón recolectando una escasa llovizna de dinero ajeno, mientras el hombre de la calle callaba y observaba. Imagino que este último habrá hijueputeado su suerte y de paso la del guitarrista. Con la misma velocidad con la que agarró la plata, el músico huyó de la escena olvidándose de su vergüenza.
El hombre de la calle siguió en silencio su rumbo por el vagón hasta que pasó por mi lado y se percato de mi mano estirada. Le entregué lo que tenia, y aunque sus ojos tristes no se inmutaron, se le escapo una sonrisa de agradecimiento.
A mi lógica, no se lo merecía. Eso me queda claro. Al final hay personas que lo tienen todo sin merecerlo, y otras que no tienen nada, que lo merecen todo. Pero en ese momento de auto glorificación se sintió bien el haber sido la razón de la sonrisa en ese hombre, así fuera por ese momento. Compartimos el planeta con otros 6,999,999.999 personas y creo que el hacer sonreír al menos a una de ellas, en un fugaz minuto es de más importancia que cualquier consejo o palabra que se pueda decir.
Pero bueno, no sigo mas con charlas filosóficas y tontas (por no decir ¡aburridas!) que suenan más a libro de auto ayuda y superación personal que la anécdota comica que se suponía iba a contar. Pero de todos modos, me gustaría saber ¿que hubieran hecho ustedes? ¿A quién le hubieran dado el dinero? ¿Y por qué?
si tenia dinero en el bolsillo... le daba dinero... si tenia billetes de 1 dolar... le daba 2 o 3. soy musico... y valoro a los musicos sea cual fuere su genero.
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